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papeleras para el siglo XXI

Esta papelera callejera tiene los días contados. Está instalada en una farola a la altura del número 74 de la avenida de Monte Igueldo. Su aspecto es todavía juvenil y su función, útil. Nadie diría que va a ser reemplazada y enviada al otro mundo.

Algunos vecinos especulan sobre el cambio de las papeleras: “No se usan..¿por qué se cambian?”, “Será cosa del Gobierno y sus brotes verdes”…”a esta altura de la calle no llegará”. Todo son comentarios y nadie informa.

La papelera de la derecha es la nueva generación. Más grande, más robusta, con más capacidad y más prestaciones. Algunas aparecen en el inicio de la avenida. Sí, a primera vista, parece el mismo tipo de contenedor; color gris indefinido, instalada a la altura de la mano humana, de plástico pero con flexibilidad para golpes. Pero, como siempre, la virtud está en los detalles.

Mirando con devoción, se observa que la apertura -donde se introduce la basura- es un poco menor, mientras que el cenicero que está colocado en la zona superior es mayor y admite más colillas. Y esto a primera vista. Será necesario interrogar a los servicios de limpieza para comprender la evidente necesidad de cambiar de papeleras en nuestra calle de residencia. Es un paso más hacia la modernidad y el progreso.

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y se hizo la luz

caso cerradoCaso cerrado para el inspector Monteigueldo. Esta semana, se iluminaron las nuevas farolas de la calle. A primera vista, la noche parece más eléctrica y, quizá, la luz más mortecina. Sin embargo, al tener el foco más bajo la sensación es más grata. No sabemos…algunos árboles tapan la luminosidad. Habrá que estudiar el efecto sobre los paseantes nocturnos.

Entretanto, permanecen las antiguas farolas tipo autopista. Del misterioso caso de las dobles farolas sólo queda una incógnita. ¿Desaparecerán las viejas luces o se mantendrán como ejemplo evolutivo de desarrollo de mobiliario urbano?

el misterioso caso de las dobles farolas

ojos discordantes a siete metros del sueloLa llegada de septiembre siempre provoca cambios en el entorno. Si uno abandona su refugio durante la temporada estival, cuando regresa nota ligeras pinceladas nuevas en el ambiente. Este es el caso de nuestra calle. De la noche a la mañana han surgido nuevas farolas en las aceras.

De un diseño moderno, de una altura menor que las antiguas, y con un espíritu de permanencia. Así aparecen las nuevas farolas, con ese cierto aire de novedad que trasmiten los utensilios de nueva generación. A primera vista, tienen buena pinta.

Sin embargo, permanece el mobiliario luminoso antiguo. Es más, sigue siendo la fuente de luz de la avenida. En época de recorte económico, la autoridad ha decidido establecer dos farolas en lugar de una. Parecen dos palos mayores que tratan de gobernar un barco pero cuyo patrón no sabe hacia donde va el viento.nueva farola observa luz de la vieja

Pensando un poco, no es difícil adivinar que en las próximas semanas desaparecerán las carácterísticas farolas -tipo autopista- que han iluminado nuestra calle durante años. Se trata de un paso más en la remodelación que sufre -padece y disfruta- la avenida de Monte Igueldo desde el final de la primavera.

Pero quizá sea necesario buscar una explicación menos lógica. Al fin y al cabo, quien tomó la decisión vive en otro barrio más pudiente y, es posible, que desconozca la realidad vallecana. Tal vez habría que crear un personaje como el inspector Monteigueldo; seguro que seguiría el rastro del dinero para encontrar una solución a este enigma. Puede que localizase un mapa con los colores de las farolas; de esta forma, descubriría el tesoro que durante meses han estado buscando en nuestra calle, hallaría las claves del taladro permanente y del ruido insoportable.