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cosas que aprendí de julio

Hace un año, primeros de julio de 2009, escribí aquí un triste comentario sobre el séptimo mes del calendario. Contaba las cosas que no me gustaban desde una profunda rabia, desde una cierta y angulada miseria personal. No era del todo sincero, estaba ciego de palabras pero si reflejaba cierto cansancio; agotado antes de las vacaciones.

Tan sujeto al dolor nocturno me mostré, que tuve que escribir otro post sobre lo que me gustaba de julio. Había y hubo muchas cosas.

Un año después vuelvo a julio, a sus finales. Y reflexiono. Aprendí muchas cosas en julio, este año y el pasado. Pensar en el verano sin ánimo de guerra, vivir el calor de mi calle. Sucio, seco y húmedo a la vez, buscando la ligera brisa y sin miedo. Limpio en la espera. Sin alcanzar la meta, viviendo el viaje hacia dentro. Alegre y triste.

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cosas que nos gustan de julio

Las vacaciones escolares. Los Sanfermines. Los días largos. Jugar al fútbol. El aire acondicionado en mi línea de Metro. Recuperar las bermudas y las sandalias. La ropa ligera en ellas. Las fiestas del Puente de Vallecas y la guerra del agua. Las piscinas de las afueras. Las chuletas a la parrilla. Las terrazas. Los fuegos artificiales. Los amigos de paso por Madrid. Las noches cortas, “charlonas” y calmadas. La comida fría con gazpacho, ensaladas con melva y “pescaito” frito.La cerveza bien fría del fin de semana. Las ventanillas del coche bajadas mientras canturreamos canciones macarras camino de la montaña más cercana.

Las madrugadas con sol radiante y fresco de rebeca.

cosas que no nos gustan de julio

Las noches sin dormir por el calor. El olor de las basuras acumuladas en la calle. Ls cantidad de personas “colgadas” que se quedan en la ciudad. El sol de las cuatro de tarde en una calle en obras. La larga espera hasta las vacaciones de agosto. El tráfico que permanece. El aire acondicionado de los establecimientos que escupen vapor caliente a la acera Las piscinas municipales. La piel quemada por el sol. El servicio de hostelería. El agotamiento generalizado. Las actividades obligatorias. Las tormentas que mojan la ropa tendida  y, casi, no enfrían el ambiente. Los electrodomésticos que se estropean.

La sensación de aburrimiento estancado.