Archivo | poesía RSS for this section

leopoldo en el barrio

Leopoldo María Panero ha encontrado su lugar. En mi calle. En la avenida del Monte Igueldo. Por un euro. Edición 2001, Visor, y Poesía Completa 1970-2000. Y por un euro. En la calle. El sueño de un loco. Last River Together.

En el ya comentado mercadillo nocturno -y diurno- callejero que se instala en la entrada de la avenida, no sólo se vende ropa, cds, perfumes de imitación y plátanos, también hay sitio para la cultura.

Encontrar la poesía completa del loco de Mondragón, de camino al trabajo, y a un euro, supone una gran alegría y, sobre todo, algunos recuerdos.

Viene a la memoria alguna tarde en la adolescencia con mi profesora de letras.  Recuerdo su lectura de estos versos:“Verf barrabum qué espuma/ Los bosques acaso no están muertos?/ El libro de oro la celeste espuma los barrancos/ en que vuela una paloma“. Leíamos a Panero y nos considerábamos malditos. En plan club de los poetas muertos.

Ahora somos más prosaicos. Es más, tenemos muchos vecinos en mi calle que suscribirían desde su locura esos versos. Pero, bueno, no importa. Es suficiente el hallazgo. Al fin y al  cabo, el primer libro de Panero se llamó “Así se fundó Carnaby Street“, una calle, un deseo imperfecto, un inicio del Llanero solitario o del Tarzán traicionado.

Anuncios

reinicio

Hay fechas claves. Los calendarios facilitan su explosión y son marca-páginas de un nuevo capítulo.Así, a veces, lo pienso.

Hay mapas secretos. Y el cofre que los guarda se abre en un momento preciso. En el despiste del azar. Así, a veces, lo leo.

Hay, también, nuevas carreteras donde no llegaron GPS. Las estrellas siguen en si sitio y mantienes el rumbo. Así, a veces, navego.

A veces uno se pone muy serio y busca respuestas en las partidas de nacimiento, en los actos judiciales o en las deudas impagadas. Es, al fin y al cabo, un vicio.

Aún recuerdas cuando mamá te calculaba los años según la fecha de tu cumpleaños: “justo cuando cumpliste no sé cuantos meses dijiste papá…te pusiste a andar, tu solo, un día después de tu primer aniversario, tu primera fila de dientes…., te fuiste de casa un mes antes de cumplir los 22…”. Así, medido en fechas; lo dicho, un vicio.

Hoy sólo quiero apretar la tecla de Reinicio. Empezar de nuevo.

el azul del océano en los mapas

“El azul del océano en los mapas”. Este verso de Pedro Salinas me lleva dando vueltas en la cabeza desde que ayer recuperé el libro “La voz a ti debida“. Lo regalaba el periódico Público y lo agarré sin dudarlo.

El libro está lleno de metáforas brillantes, de versos encendidos, claros, con fuerza, atrevidos y  vitales, dedicados a un amor presente y pleno. Increíble, apasionado. Casi adolescente, amargo.

No sé. Todavía permanezco perturbado por  la imagen de ese azul que se esconde en los océanos;  de esos mapas mentirosos que colgaban con chinchetas en las paredes de los colegios públicos. Del mar lejano de Monte Igueldo.

 

esto es una denuncia, no un poema

Empezar con nada. Sujeto y sin verbo.

La lluvia automática trata de manejar el teclado y lo evitas.

Es tarde y todo es inútil cuando no hay nada.

Hierve el silencio. Ajeno, con fiebre.

Empezar también es una forma de romper calendarios.

De ser de paso…

Rabia da, ser contemporáneo y escribir poemas en blogs de tres al cuarto.

Pobre Quevedo.

oía el mar de la m-30

Oigo el mar y es la m-30 en una noche de viento. Es el tráfico a lo lejos, desde la avenida.

Oigo el mar y el fantasma de Joseph Conrad me recuerda el poder, el carácter del enemigo, ” los surcos del viento  sobre los rostros de las olas”.

Resulta difícil concretar esta angustia, este desánimo. No hay  una respuesta racional porque el mar que navegas es primitivo, puro instinto, un juego para hombres.

Cabalgas sobre la sombra de una tempestad futura, inminente. Sabes que está ahí, escondida, en la espuma blanca, agazapada en un ligero cambio de brisa, Vigilándote y leyendo tu carta marina.

Oigo el susurro, el permanente silencio de las mareas. Y despiertas. Son los coches nocturnos y su contaminación acústica y descarada. Es la M-30, la frontera de unos sueños rotos, el espejismo acuático, la ausencia de un mar deseado.

y cenicienta perdió sus dos zapatos

zapatos dorados bajo el sol de otoño

En la esquina de la calle Pico Cebollera con Monte Igueldo aparecía esta mañana un par de zapatos dorados con tacón, tirados en el suelo. A primera vista, el calzado femenino sin dueño nos remite a Cenicienta, uno de los cuentos más populares de la infancia. Tanto en la versión de Perrault como en la de los Hermanos Grimm, la triste huérfana pierde una de sus calzas tras una noche de baile y amor contenido con su Príncipe. Aquí ha abandonado las dos.

Sólo nos queda confiar en los sueños. Imaginar que un príncipe buscará por el barrio a su princesa e irá puerta por puerta probando el par de zapatos hasta encontrar a la dama afortunada. Sí, ya sabemos que la vida es más vulgar pero hoy es lunes y todavía no ha salido Belén Esteban en la televisión.

Apuntes para unas elecciones europeas

Después de la lluvia, Europa no existe.

Es un campo desolado por la plata de América, una lágrima espesa de basura, un disgusto dado a un padre muerto, un donut sin agujero relleno de confitura inglesa.

Así amanece en la nueva Europa. Nadie lo sabe pero ha nacido. Los altos funcionarios especiales se muestran ausentes, la Convención pasó y observa desde las balaustradas barrocas, los santos patrones duermen en las iglesias, los nuevos negros esclavos rompen máscaras y cavan tumbas.

Demasiadas lenguas nos unen y pocas señales nos asisten. No hay palabras para contar las bajas pero los ríos están inundados de letras. El imperio de los codificadores y los satélites ahogaron las iniciativas más libres. Ausencias o palabras…descolgadas, dicen.

“Bruselas llamando”, como en su día Londres bajo las bombas o Madrid durante el asedio. Las ciudades repiten la historia y no vale que los anuncios por palabras nos avisen del peligro. Sarajevo, dijimos, nunca olvidaremos y la capital Bosnia se olvidó de nosotros.

Y no será por falta de comunicación. El servicio pastún de la BBC nos reclamaba; incluso una ópera en alemán mostraba en el tercer acto claros síntomas de agotamiento. Nada importaba, teníamos paraguas y canalizaciones y tuberías y alcantarillas y servicios privatizados de limpieza, derrumbe y arte.

Sociedades confiadas, bien alimentadas y lluviosas. Por no hablar de los habladores profesionales. Eran las estrellas de la Unión, el mundo en tus manos, una muestra más de una vida libre bajo el yugo y las flechas del mercado. Había periodistas como curry en la dieta británica.

Tantos vigilantes para quedarnos sin playa. Lo dijo Camus, padre de lo que podía haber sido otra Europa, con más sol y chicas guapas y, por supuesto, sin maquillaje.

Lo dijeron también nuestros padres y así aparecieron las putas banderas y las naciones y las patrias y así nos luce el pelo. Tantas fronteras y tantos calvos. Tanta gastronomía internacional para, después, degustar comida rápida.

Alguién dijo: “nos salva la cultura”. Y convertimos ciertas verdades en estadísticas y números y cuotas de pantalla. Bravo por la música, el karaoke y “God save el banco central europeo”. Entretanto, seguía lloviendo.

Vieja Europa, nueva Europa.  En Eurovisión ganó la ultraderecha francesa.