Archive | abril 2010

fútbol y melancolía

Hay una calle en Madrid que se llama Paseo de los Melancólicos.Por ella caminan los hinchas del Atlético de Madrid al salir del estadio Vicente Calderón. A veces con la cabeza baja; otras , con el corazón contenido y, las menos, con el semblante alegre.

Hoy, la avenida de Monte Igueldo felicita a los aficionados al fútbol que visten de rojiblanco.

días en wonderland

Hay días difíciles, días fáciles  y, simplemente, días. Ayer fue un día “chungo” y, probablemente, es una muestra de lo que será el estilo anímico de toda la semana; por lo menos, hasta el sábado. Trabajo, familia, sensibilidades…uno nunca acierta o, si lo hace, es contra su propio criterio.

Coincide  la semana -habría que decir el mes- con el estreno cinematográfico de “Alicia en el país de las Maravillas”, de Tim Burton. ¿Y? Pues eso, jodido y con prisa, como el conejo del cuento. Días en wonderland…

pasión por el deporte “callejero”

Con frío, calor o lluvia, la pasión por el fútbol no conoce límites. Anoche, el Barcelona volvió a ganar y sigue su carrera imparable hacia el título de la liga española. El partido se podía ver a partir a las 22 horas por satélite en Canal Plus, lo que requiere un abono económico para poder disfrutarlo.

Este bar de la fotografía, de la avenida de Monte Igueldo de Madrid, había comprado la emisión del encuentro. Es algo muy habitual en los establecimientos de ocio en España: los aficionados bajan al bar con los amigos para ver el partido de fútbol. Se toman unas cañas, comparten un rato juntos y se ahorran el pago televisivo.

Sin embargo, no todo el mundo puede dejarse unos euros en las barras de los bares. Para otras economías existe la posibilidad -como en este caso- de ver el partido en el exterior del bar. Si este tiene buenas cristaleras, la emoción del encuentro puede ser doble: por un lado, ver el partido en pantalla plana con la repetición de las jugadas pero sin los comentarios de los periodistas; por otro, sentir la temperatura de la calle como si uno se encontrara en el mismísimo estadio.

Ayer hacia frío y llovía. No importaba, la pasión por el deporte puede con todo.

papeleras para el siglo XXI

Esta papelera callejera tiene los días contados. Está instalada en una farola a la altura del número 74 de la avenida de Monte Igueldo. Su aspecto es todavía juvenil y su función, útil. Nadie diría que va a ser reemplazada y enviada al otro mundo.

Algunos vecinos especulan sobre el cambio de las papeleras: “No se usan..¿por qué se cambian?”, “Será cosa del Gobierno y sus brotes verdes”…”a esta altura de la calle no llegará”. Todo son comentarios y nadie informa.

La papelera de la derecha es la nueva generación. Más grande, más robusta, con más capacidad y más prestaciones. Algunas aparecen en el inicio de la avenida. Sí, a primera vista, parece el mismo tipo de contenedor; color gris indefinido, instalada a la altura de la mano humana, de plástico pero con flexibilidad para golpes. Pero, como siempre, la virtud está en los detalles.

Mirando con devoción, se observa que la apertura -donde se introduce la basura- es un poco menor, mientras que el cenicero que está colocado en la zona superior es mayor y admite más colillas. Y esto a primera vista. Será necesario interrogar a los servicios de limpieza para comprender la evidente necesidad de cambiar de papeleras en nuestra calle de residencia. Es un paso más hacia la modernidad y el progreso.

mercados nocturnos

Todas las noches, de lunes a viernes, en el inicio de la avenida de Monte Igueldo, se forma un curioso mercadillo callejero. No se trata del clásico top-manta con Dvds y CDs que a media mañana -sobre todo el sábado- se extiende en las zonas más concurridas de la calle. No. Es un mercado de cosas viejas, usadas.

Ya, en las navidades pasadas, comentamos el caso de Julia y su ropa de segunda mano expuesta junto a la marquesina de la parada del autobús. Pero ahora, la oferta de vendedores se ha multiplicado. Zapatos, cintas de VHS, cargadores de móviles, candelabros, libros de texto, etc…todo puede tener un comprador nocturno.

Siendo justos hay que comentar que la historia empezó con un señor con pinta de hippie que, con una bicicleta cargada hasta los topes, llegaba por la noche con material de todo tipo a la esquina de nuestra calle con la avenida de la Albufera.  Allí  presentaba todo su género ¿? y buscaba compradores. Él fue el primero y permanece todavía en el mismo sitio.

Si bien, ya sabemos que no se trata del primer rastro nocturno de Madrid, también es cierto está en nuestra calle. Y eso no es poco. De momento, nos ahorramos las fotos testimonio para evitar que Hacienda se pase por la avenida y empiece a  cobrar  las licencias comerciales.