once de marzo sin noticias

Hace cinco años me llamaron a las ocho de la mañana desde la Coruña para decirme que el día iba a ser largo. Y aquel día ya dura cinco años. Todo fue tan raro, tan inútil.

Aquel día, aprendí a contener. Aprendí a no soltar lágrimas. Y a quedarme parado con el pensamiento en el vacío. Como una ausencia. Como la sombra de un cadáver sobre la pared de una estación de tren -por decir algo que suene a poesía .

Aquel día todos escuchamos las noticias, las seguimos, las trabajamos y, algunos, incluso las crearon. Y aquel día encontramos muertos en las guarderías y, por ello, sentíamos  que eramos dichosos.

En el barrio cayeron unos cuantos. Estudiantes, trabajadores, inmigrantes, madres, necesitados, drogadictos, amigos, personas.

Después, dicen, todo cambio. Gobiernos nuevos, guerras injustificadas, homenajes vacíos…había sido un sacrificio. De inocentes, como todos y como siempre.

Sigo viendo pasar los trenes delante de casa; su sonido, machacón, reiterativo como el ulular de las ambulancias, a veces, me agota. Como cada once de marzo.

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One response to “once de marzo sin noticias”

  1. Albert(o) says :

    Hay amaneceres que, por buenos o por terribles, no se olvidan. A pesar de ello, todas las heridas cicatrizan… incluso las que más duelen, como todas las de aquella mañana aún difícil de creer…

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