De la corazonada hemos pasado a la nueva tasa de basuras. Desde la semana pasada, los vecinos de la avenida de Monte Igueldo han empezado a recibir una carta certificada de la agencia tributaria del Ayuntamiento de Madrid donde se nos reclama alrededor de 60 euros por la prestación del servicio de gestión de los residuos urbanos (TRU).

Según la información adjunta a la carta, el consistorio informa de que “ha dejado de prestar de forma gratuita” el servicio de recogida de basuras. Sin embargo, desde 1986, se incluyó este gasto en el Impuesto de Bienes Inmuebles (I.B.I.) y se incrementó el tipo hasta el 28%. Si bien es verdad que el Constitucional declaró nula esta subida, desde la plaza de la Villa -antes- y desde Cibeles -ahora- el impuesto de contribución ha aumentado con la alegría habitual que nos tiene acostumbrada la derecha socialdemócrata.
El PSOE de Madrid ha iniciado la campaña “Gallardón limpia tu bolsillo con la basura” para denunciar la aparición de la
tasa municipal. Recogida de firmas, asambleas y edición de folletos informativos, son algunas de las iniciativas dirigidas por el portavoz socialistas David Lucas, conocido en Getafe como el antiguo concejal de Hacienda que subió el famoso impuesto hace ocho años en su localidad de origen político.
Entretanto, en nuestra calle seguimos sin saber qué hacer. Hace cuatro meses cada comunidad recibió dos contenedores para tirar la basura. Ambos venían sin libro de instrucciones -lógico- y sin las condiciones de uso -normal. Tras la repetina aparición , algunos vecinos hicieron uso de los cubos que desaparecieron al día siguiente. Otros, en cambio, los mantuvieron escondidos durante las largas obras de la avenida. Ahora, los vecinos salimos con nuestras bolsas buscando en las calles adyacentes un lugar donde depositar -de forma selectiva- nuestras miserias.
Mientras se aclara la fiesta, lo único seguro es que pagaremos como buenos ciudadanos que somos. Algunos, desde las trincheras de los blogs, lanzan una reclamación contra la tasa. Otros, echamos de menos los tiempos en el que el catastrazo de Solchaga supuso una revuelta ciudadana.