Te levantas por la mañana. Preparas el desayuno para la tropa. Oyes al ministro de Fomento en la radio. Coges al niño para llevarle al colegio. La luna trasera de tu vehículo ha sido golpeada y está hecha trizas. Añicos. Tratas de evitar cortarte con los cristales. Piensas en el salvaje que ha roto esa parte de ti que se llama coche.
Llamas al Seguro y llevas al estudiante en autobús. Llueve y hace un día de perros. La luna del Nissan tienen que traerla de Barcelona. Nos quedamos sin coche.
Entretanto, el desagüe del fregadero está roto. Tratas de arreglarlo y consigues estropearlo más. Tu masculinidad disminuye; alguien dice: “las chapuzas de casa siempre las hace mi marido, es un manitas”. Te sientes un manazas y una nenaza. Llamas a un fontanero o algo así.
Te enciendes un cigarrillo. Empieza la semana.





